Alcalinidad de la piscina: qué es, nivel ideal y cómo corregirla

By Beatbot Official

Key Take-aways

Analizar el agua cada semana ayuda a mantener la alcalinidad dentro del rango óptimo

La alcalinidad total (AT) de una piscina debe mantenerse entre 80 y 120 ppm para que el pH permanezca estable y el agua se conserve limpia. Cuando este valor se sale de rango, el cloro pierde eficacia, el agua se enturbia o se vuelve corrosiva, y los materiales de la piscina sufren un desgaste prematuro. La AT funciona como un sistema amortiguador: absorbe la entrada de ácidos procedentes de la lluvia, el sudor o los productos de desinfección y evita que el pH oscile de forma brusca.

¿Qué es la alcalinidad total de una piscina?

La alcalinidad total mide la concentración de carbonatos, bicarbonatos e hidróxidos disueltos en el agua, expresada en partes por millón (ppm) de carbonato cálcico (CaCO₃). Su función principal es actuar como tampón del pH: cuanto mayor es la capacidad tampón, más difícil resulta que el pH cambie de golpe cuando se añade cloro, cae una tormenta o los bañistas introducen sudor y cremas solares.

Un error habitual es confundir alcalinidad con pH alcalino. El pH indica si el agua es ácida o básica en una escala de 0 a 14, mientras que la alcalinidad describe la resistencia del agua a cambios en ese pH. Dos piscinas pueden tener el mismo pH de 7,4 y, sin embargo, comportarse de forma muy distinta si una tiene una AT de 60 ppm y la otra de 110 ppm. La primera perderá estabilidad en cuanto se añada cualquier producto químico; la segunda absorberá esa variación sin apenas moverse.

Nivel ideal de alcalinidad en piscinas

El rango recomendado por organismos como APSP (Association of Pool and Spa Professionals) se sitúa entre 80 y 120 ppm para la mayoría de piscinas residenciales con desinfección a base de cloro. Dentro de ese intervalo, el pH se mantiene estable y el cloro trabaja con eficacia.

Escala de alcalinidad total: el rango seguro se sitúa entre 80 y 120 ppm

Existen matices según el tipo de desinfección. Las piscinas con cloración salina funcionan mejor con una AT en la parte baja del rango (entre 60 y 80 ppm), porque el generador de cloro tiende a elevar el pH por desgasificación de CO₂ y una alcalinidad más baja reduce ese efecto. En cambio, las piscinas tratadas con tricloro o bromo se benefician de una AT más alta (100 a 140 ppm), ya que estos desinfectantes acidifican el agua y una mayor capacidad tampón compensa esa caída.

En zonas de España con evaporación intensa, como el litoral mediterráneo o el interior de Murcia y Almería, algunos profesionales toleran valores de hasta 140 ppm porque la pérdida de agua concentra las sales de forma natural. Lo relevante es que la AT se mantenga estable semana a semana. Una tendencia al alza o a la baja constante indica un problema subyacente que conviene investigar antes de limitarse a corregir el número.

Alcalinidad baja o alta: qué problemas causa

Una alcalinidad por debajo de 80 ppm deja al pH sin protección. Cualquier adición de cloro, caída de lluvia ácida o acumulación de sudor puede hacer que el pH baje de 7,2 a 6,8 en cuestión de horas. El resultado es agua corrosiva que ataca los accesorios metálicos, daña juntas y líneas de lechada, reduce la vida útil del liner y provoca irritación ocular y cutánea en los bañistas. Los profesionales del sector describen este comportamiento como pH que rebota, porque el valor sube y baja de forma impredecible y obliga a correcciones diarias.

Cuando la AT supera las 120 o 150 ppm, el problema se invierte. El pH tiende a fijarse por encima de 7,8 y resulta difícil de bajar. El agua adquiere un aspecto lechoso, aparecen incrustaciones de carbonato cálcico en escaleras, skimmers y línea de flotación, y la eficacia del cloro puede caer hasta un 25 %. En piscinas que reciben agua de pozo con alta dureza, este escenario es especialmente frecuente y suele agravarse con la evaporación durante los meses de verano.

Izquierda: agua turbia por alcalinidad alta. Derecha: agua equilibrada con AT entre 80 y 120 ppm

Cómo medir la alcalinidad del agua de la piscina

Lo recomendable es analizar la AT al menos una vez por semana durante la temporada de baño y después de cualquier episodio que altere la composición del agua, como tormentas fuertes, rellenos con agua nueva o tratamientos de choque.

Las tiras reactivas son el método más accesible. Se sumerge la tira unos segundos en el agua a una profundidad de unos 30 cm, se retira y se compara el color resultante con la escala del fabricante. Ofrecen una lectura rápida, aunque con un margen de error que puede rondar las 10 a 20 ppm. Los kits de gotas (reactivos líquidos) son más precisos: el agua cambia de color al añadir el reactivo y el resultado se interpreta contando las gotas necesarias para completar el viraje. Los medidores digitales o fotómetros electrónicos proporcionan la lectura más fiable y son la opción preferida en piscinas comerciales o cuando se necesita un control más ajustado.

Cómo subir la alcalinidad de la piscina

El bicarbonato de sodio es el producto estándar para elevar la AT sin provocar cambios bruscos en el pH. Como referencia general, se necesitan aproximadamente 18 gramos por cada metro cúbico de agua para subir la alcalinidad 10 ppm. En una piscina de 50 m³ con una AT de 60 ppm que se quiere llevar a 100 ppm, eso equivale a unos 360 gramos de bicarbonato.

Se predisuelve el producto en un cubo de agua tibia para evitar que se deposite en el fondo, se vierte en la línea de retorno con la depuradora en marcha y se deja circular entre 6 y 8 horas antes de volver a medir. Si la corrección necesaria supera los 40 ppm, es preferible repartirla en dos o tres sesiones a lo largo de varios días.

Un punto que muchos propietarios pasan por alto: las tormentas fuertes y los rellenos con agua osmotizada pueden bajar la AT de forma drástica en pocas horas. Tener bicarbonato de sodio siempre disponible junto al cuarto de máquinas evita tener que improvisar cuando los niveles caen por debajo de 80 ppm después de una noche de lluvia.

Cómo bajar la alcalinidad de la piscina

Para reducir la AT se utilizan ácidos. En España, los dos más habituales son el ácido clorhídrico (salfumán o aguafuerte) y el bisulfato de sodio (reductor de pH en forma granulada). Ambos funcionan neutralizando parte de los bicarbonatos disueltos y liberando CO₂.

La técnica más eficaz es la acidación localizada: se vierte el ácido en un solo punto de la piscina, preferiblemente en la zona más profunda, con la depuradora apagada. Al concentrar el producto, se fuerza una reacción intensa que reduce los bicarbonatos y libera dióxido de carbono. Pasados unos 30 minutos, se enciende la depuradora para homogeneizar el agua y se espera entre 12 y 24 horas antes de medir de nuevo.

La regla de seguridad más importante es no intentar bajar más de 40 a 50 ppm en un solo día. Si la AT está en 180 ppm y el objetivo es 100 ppm, conviene hacerlo en dos o tres sesiones con mediciones intermedias. Una bajada excesiva puede dejar el pH por debajo de 7,0, generando un entorno corrosivo que daña los materiales y compromete la seguridad del baño.

¿Por qué cambia la alcalinidad de la piscina sola?

La alcalinidad tiende a subir cuando el agua de relleno tiene una dureza elevada, como ocurre en muchas zonas del levante y el sur de España. La evaporación concentra los minerales y las sales, y el uso excesivo de carbonato sódico para subir el pH también eleva la AT como efecto secundario. En piscinas descubiertas durante los meses más calurosos, la AT puede aumentar entre 10 y 15 ppm por semana solo por efecto de la evaporación.

La alcalinidad baja cuando se utilizan desinfectantes ácidos como el tricloro, cuando caen lluvias ácidas prolongadas o cuando se realizan tratamientos de choque con dosis elevadas de ácido para eliminar manchas calcáreas. Los rellenos frecuentes con agua blanda o tratada por ósmosis inversa también diluyen los bicarbonatos y reducen la capacidad tampón del vaso.

La evaporación en climas mediterráneos concentra sales y puede elevar la alcalinidad de forma gradual

Alcalinidad, pH y cloro: el orden correcto de ajuste

Corregir AT, pH y cloro en un orden equivocado genera un ciclo de ajustes interminables que consume tiempo y producto. El protocolo recomendado sigue esta secuencia: primero se mide y corrige la AT, después se ajusta el pH al rango de 7,2 a 7,6, y por último se comprueba el nivel de cloro libre.

La razón es química: si la AT está fuera de rango, cualquier corrección del pH será temporal. Un pH que se ajusta a 7,4 por la mañana puede caer a 6,8 por la tarde si la AT está en 50 ppm, porque el agua carece de capacidad tampón para sostener ese valor. Al estabilizar primero la AT, el pH se vuelve predecible y las dosis de corrector de pH se reducen de forma significativa.

Mantener estos tres parámetros equilibrados también influye en la claridad del agua. Cuando la AT y el pH están en rango, los floculantes y clarificantes agrupan las micropartículas en suspensión con mayor eficacia para que el filtro las retenga. En piscinas donde la turbidez persiste a pesar de una química correcta, la causa suele estar en una AT desajustada. El robot limpiafondos Beatbot AquaSense 2 Pro incorpora el sistema ClearWater™, un clarificante 3 en 1 a base de quitosano (derivado de cáscaras de cangrejo recicladas) que se libera automáticamente mientras el robot limpia. El quitosano agrupa suciedad, aceites y residuos metálicos en grumos más grandes que se depositan en el fondo o quedan retenidos por el filtro, actuando cuatro veces más rápido que un clarificante convencional aplicado a mano.

Mantenimiento semanal de la alcalinidad

El lunes, antes de que la piscina reciba uso intenso, es un buen momento para medir AT y pH. Si la AT está por debajo de 80 ppm, se añade bicarbonato de sodio en la dosis correspondiente. Si supera las 120 ppm, se aplica ácido de forma localizada. Tras la corrección, se deja filtrar entre 6 y 8 horas y se vuelve a comprobar al día siguiente.

Anotar los valores cada semana en un registro permite identificar patrones. Si la AT sube cada semana sin que se añada producto, es probable que el agua de relleno tenga una dureza elevada y convenga considerar un tratamiento previo o diluciones parciales. Si baja constantemente, puede indicar un exceso de desinfectante ácido o una exposición frecuente a lluvia.

La limpieza física del vaso también influye en el equilibrio químico. La materia orgánica acumulada en la superficie (hojas, polen, insectos) consume desinfectante y altera la composición del agua. El robot de piscina Beatbot Sora 70 retira estos residuos flotantes mediante su sistema JetPulse™, que genera cuatro chorros de agua coordinados para guiar los restos hacia la boca de aspiración e impedir que escapen por los laterales del robot. Al eliminar la carga orgánica de la superficie antes de que se descomponga, la demanda de cloro se reduce y los parámetros químicos se mantienen más estables entre mediciones.

FAQs

¿Se puede añadir alcalinidad y pH al mismo tiempo?

No. Hay que corregir primero la alcalinidad total y esperar entre 6 y 8 horas con la depuradora en marcha antes de ajustar el pH. Si se añaden ambos productos a la vez, las reacciones se interfieren y el resultado final es impredecible.

¿Se puede bañar con la alcalinidad fuera de rango?

Lo recomendable es corregir la AT antes de usar la piscina. Con una alcalinidad baja el agua puede irritar ojos y piel, y con una alcalinidad alta el cloro pierde eficacia desinfectante, lo que supone un riesgo sanitario.

¿Puedo aplicar un tratamiento de choque si la alcalinidad está alta?

Se puede, pero el cloro actuará con menor eficacia porque una AT elevada mantiene el pH por encima de 7,8, lo que reduce el porcentaje de cloro activo en el agua. Lo ideal es bajar primero la alcalinidad al rango de 80 a 120 ppm, ajustar el pH y después aplicar el choque.

¿El bicarbonato de sodio sube también el pH?

Sí, pero de forma leve. Conviene medir ambos parámetros después de la corrección y ajustar el pH si fuera necesario.